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Juego Consuma Dignidad

Sustentabilidad y Consumo responsable… breves experiencias de una estrategia para de abordar la temática con jóvenes.

 

Una de las mayores potencias del juego que presentamos a continuación reside en que genera una infinidad de emergentes en los jóvenes, producto de la interacción entre la experiencia de rol del juego y el propio contexto situacional de los jóvenes.

Los emergentes de los participantes tras finalizar la dinámica abarcan desde el sentir vivencial de la injusticia en la vida cotidiana, hasta la crítica al modelo de organización productiva global en el que vivimos. Resultan muy potentes para trabajar con los jóvenes acerca de nuestro rol en el cambio de esta sociedad ya que al encarnar esas sensaciones los jóvenes empatizan y participan mucho del debate que les propongamos. El juego deja en evidencia, no sólo la desigualdad que produce la manera en la que está organizado el sistema productivo y comercial, sino también cómo y desde qué rol nosotros mismos actuamos a favor de la repetición de esas desigualdades. En este sentido, nos centraremos en dos aspectos para trabajar a partir de la dinámica, Sustentabilidad y Consumo Responsable.

Al situarse en la experiencia y la vivencia del juego podemos observar que durante el desarrollo surgen muchas acciones y conductas que, reprobables en lo discursivo–inclusive los jóvenes las comentan como causas de los “problemas de este mundo” (corrupción, violencia, maltrato, competencia desmedida, discriminación, etc.) –, son encarnadas por los “jugadores”, brindando la posibilidad de reflexionar entre aquello que consideramos de una manera ideal y la forma en que efectivamente actuamos. Como dijimos, el juego nos permite mirar el modelo de producción que nos propone el mundo actual y revisar críticamente el rol que nos invita a ocupar como ciudadanos de este planeta.

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Aprendé jugando


 

 


 

Al jugar con recursos naturales (las hojas de papel) y aplicarles tecnología (mediante el uso de las reglas, lápices y tijeras) para crear bienes y servicios (las figuras) en cuyo proceso se genera gran cantidad de desperdicio y basura (de papel), para luego comercializar, en este caso ante la figura del Banco Mundial, el juego devela al menos 3 grandes elementos/límites para trabajar:

1. El sistema productivo y de organización de nuestras vidas se propone como lineal y por lo tanto, se supone infinito (para producir más bienes necesito más 1 Consuma Dignidad es un programa educativo desarrollado por la Asociación Civil Amartya para sensibilizar a jóvenes de entre 14 y 18 años sobre la Sustentabilidad, el cambio social y el consumo responsable. + info www.amartya.org.ar papel); cuando en realidad nuestro planeta es finito. Por lo que podemos problematizar no sólo esta visión anacrónica de infinitud, sino también la idea de que este sistema de producción trae aparejado consigo el bienestar de la humanidad (ya que esa es la justificación de la producción de estos bienes, cubrir necesidades y dar acceso al bienestar). ¿Podemos considerar que efectivamente esto es así? ¿Los objetos que consumimos, realmente nos producen bienestar y felicidad?

2. El sistema crea y recrea desigualdad, porque al ponderar la acumulación de riqueza como un fin en sí mismo sacrifica el sentido último del bienestar en pos de la ganancia. Así la COMPETENCIA y el cuidado de la propia “economía” disputan la oportunidad de construir ante nosotros mismos y nuestros congéneres lazos de cooperación y reciprocidad que co-construyan bienestar, justicia e igualdad. ¿No hemos escuchado hasta el hartazgo que el crecimiento económico, el desarrollo –o su carencia- son los causantes de la riqueza/pobreza de un pueblo? Podríamos preguntarnos aquí sobre el cuidado de la vida, en qué cosas encontramos esta idea o vivencia (por ej. Educación, Salud, protección familiar, amistad, afecto, etc. vs los productos que nos venden como “satisfactores de felicidad y bienestar”: teléfonos, zapatillas, televisores, automóviles, perfumes, gaseosas, etc. )

3. Nuestro modelo económico social nos invita a “ejercer” nuestra ciudadanía, no como ciudadanos participantes de las decisiones, sino como CONSUMIDORES. Es decir, nuestro bienestar, nuestra felicidad, nuestra razón de “ser” son presentados a nosotros como objetos de consumo cubiertos de productos y publicidad que a medida que adquirimos y deseamos moldean nuestra cultura (deseos, ideales, valores, aspiraciones, visiones, etc.), definiendo que “somos” porque comemos tal cosa, o vestimos tal otra, o miramos aquella y escuchamos esta… ¿Entonces, es verdaderamente consumir nuestro rol como ciudadanos? ¿Nuestra vida, se reduce a este acto? ¿Verdaderamente nos brinda felicidad? ¿Con la información que contamos al momento de comprar algún producto, sabemos si efectivamente éste cumple, no sólo con nuestra expectativas de uso, sino también nuestros valores (sociales, económicos, ambientales, etc.)? ¿Sabemos si no contamina, o si fue hecho en condiciones laborales dignas, o con una distribución justa?

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